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Día internacional de la mujer trabajadora y feminismo de clase

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Tema creado por nuestra amiga, compañera y camarada Maru Naranjo de Feministas Combativas.

En la sociedad capitalista, el cuerpo es para las mujeres lo que la fábrica es para los trabajadores asalariados varones: el principal terreno de su explotación y resistencia, en la misma medida en que el Estado y los hombres se han apropiado del cuerpo femenino, forzado a funcionar como un medio para la reproducción y la acumulación del trabajo.

Silvia Federici, Calibán y la Bruja

El Día Internacional de la Mujer Trabajadora tiene su origen en las protestas que mujeres obreras llevaron a cabo para levantarse contra las pésimas condiciones laborales a las que se veían expuestas cada día en sus puestos de trabajo. El 8 de marzo de 1857, cientos de costureras de la compañía Lower East Side en Nueva York salieron a la calle a reclamar una jornada laboral de diez horas y mayores salarios, pues los suyos distaban de hasta un 70% del de sus compañeros varones.

El Día Internacional de la Mujer Trabajadora fue proclamado por primera vez en 1910 como propuesta de Clara Zetkin (1857 – 1933), dirigente del Partido Socialdemócrata Alemán, durante la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialista. Por su parte, la Asamblea General de la ONU esperó hasta 1977 para fijar el 8 de marzo como Día Internacional por los Derechos de la Mujer.

No obstante, este día, ahora conocido como 8M, ha ido perdiento progresivamente su carácter de clase y olvidando el significado de la lucha de las mujeres obreras por la conquista de sus derechos. La lucha feminista con la que nos encontramos en la actualidad ha sido absolutamente fagocitada por el capitalismo. El feminismo burgués ha sacado ventaja y ha difuminado el motivo principal de la lucha de las mujeres y ha alejado nuestras reivindicaciones de la verdadera causa de ellas: el capital.

La lucha feminista no puede desligarse del objetivo de acabar con un sistema de explotación de una clase sobre otra, en la cual las mujeres obreras son las más perjudicadas por sufrir una doble opresión: de clase y de género. Solo en España, según un informe de UGT, siete millones de trabajadoras cobran al año hasta seis mil euros menos que los hombres: la brecha salarial gratifica a las empresas con 42.000 millones de euros más por año.

El movimiento burgués no busca derechos e igualdad para todas las mujeres, pues esto es imposible en un sistema capitalista. Tal y como escribió Alexandra Kollontai (1872 – 1952) en Los fundamentos sociales de la cuestión femenina, la liberación absoluta de la opresión de género no sería posible sin el camino al socialismo, alejada del individualismo burgués, y en el conjunto de la lucha de la clase trabajadora.

A pesar de que el concepto de Patriarcado sea anterior a la burguesía, bebe de la misma fuente que el concepto de Capital y persiguen un interés común: la perpetuación de la hegemonía en manos burguesas. Existe el patriarcado desde que existe la división sexual del trabajo, es decir, desde que a la mujer por el hecho de serlo se toma como un recurso natural del cual se puede extraer un provecho. De esta manera, la mujer pasa a ser una pieza clave en el funcionamiento del sistema capitalista: será la productora de mano de obra usada en beneficio de una clase.

El trabajo reproductivo que se nos asigna a las mujeres nos ubica en un lugar determinado en el sistema de producción y en la sociedad, y determina las relaciones sociales con los hombres. Incluso, en los siglos XVI y XVII, momento en el que se agudizó el control sobre el cuerpo de las mujeres, fueron literalmente esclavizadas a la procreación. Sus úteros fueron politizados y controlados por el Estado con políticas orientadas a la natalidad que, además, establecían duras condenas a las mujeres infértiles o que sufrían abortos. La finalidad de esta intervención, según relata Silvia Federici en Calibán y la Bruja, era la generación de mano de obra para ponerla al servicio de la acumulación capitalista.

La opresión de las mujeres bajo la mano de un sistema capitalista queda legitimizada con todo un discurso y educación de la sociedad que reafirma la superioridad de los hombres en todos los ámbitos de la sociedad y perpetua, como explicábamos anteriormente, la hegemonía de una clase concreta. Esto es lo que conocemos como machismo y todas las prácticas que ello requiere en el ámbito político, económico, social y cultural: desigualdad salarial, sexualización del cuerpo femenino y explotación sexual, invisibilización, violencia machista, roles de género… Y un largo etcétera.

La formación feminista de clase es fundamental para combatir el movimiento neoliberal burgués que individualiza a las mujeres y busca una igualdad ficticia, una igualdad que para las mujeres obreras sería sinónimo de ser iguales a los hombres en la esclavitud. La falta de derechos para las mujeres en la sociedad capitalista solo es la consecuencia, la causa es la sociedad de clases.

Un artículo del Frente de Feminismo Alcorcón para LaLokomotora.com

#HaciaLaHuelgaFeminista

 

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